lunes, abril 23, 2007

Primeras impresiones

El aire de Japón, en primavera, es frío. Además, tiene un ligero olor a humedad, pero una humedad distinta a la de suramérica. El ambiente es extremadamente tranquilo, reina un silencio de paz. Para mí es parte de su cultura, no hacer ruído. Los carros son pocos, los que hay no hacen bulla y nunca he escuchado a un japonés utilzar el claxon. En los sitios públicos o bien no hablan o lo hacen en una voz baja a moderada. Y es así en todos los lugares: tren, supermercado, calle, tiendas, etc.

Así comenzó mi primera mañana en Japón. Una fría y silenciosa mañana. ¡Y qué mejor manera de despertarse que con el suave y delicado canto de los cuervos!

El plan para ese día era ir al city hall y registrarnos como aliens en Japón (para así cumplir con la ley y ser un alien con certificado y seguro médico).

Recordemos que acababa de llegar a Japón y mi nevera estaba recien enchufada. No tenía nada, ni hielo. Luego de intercambiar un par de oraciones con un conviviente chileno me dirigí al supermercado más cercano con el definido propósito de adquirir mi desayuno. Una práctica típica de las tiendas japonesas es que todas abren exactamente a las 10:00. Muy lamentable para mi pues el grupo para el registro partía de la residencia alrededor de las 9:15. Derrotado regreso a la residencia. Desayuné un poco de piedad de los co-becarios latinos.

Un par de ancianitos fueron quienes nos llevaron al registro. Forman parte de una asociación de voluntarios cuyo fin es ayudar a extranjeros como nosotros. Fueron ellos también quienes nos introdujeron en el arcano arte de tomar un tren en Japón. Este es el procedimiento (a prueba de extranjeros 90% de las veces):

  • buscas en un mapa gigante en qué estación te encuentras: puedes ser analfabeta de kanji, no importa mientras no seas daltónico, tu estación está marcada en rojo

  • buscas la estación a la que deseas ir: la más de las veces los nombres están en kanji y letras occidentales (de ahora en adelante romaji), todavía sin mucho problema

  • al lado de tu destino hay un número, debes depositar dicha cantidad en una maquinita en frente de ti y retirar el boleto

  • con tu boleto cruzas el peaje, listo


Yo estaba muy impresionado por el peaje. No hay barras ni nada que te detenga si quisieras pasar sin boleto. Mi impresión fue "aquí la gente sí es honesta, todos deben pagar su boleto, si ni siquiera tienen algo que impida que entres si no compraste el ticket", pero no. Si te crees muy astuto y piensas que puedes abusar del sistema nipón estás equivocado. Una co-becaria olvidó colocar su boleto en el peaje y al pasar se cerraron una puertecitas de ambos lados, sonó una alarma y se prendieron unas luces rojas… avergonzante.

De nuevo la calma japonesa. En la estacicón nadie hablaba. Estoy de espalda a los rieles conversando con Yuri (un brasileiro) cuando de repente éste me hala y siento detrás de mi una gran presencia acompañada de un golpe de brisa. Sin más bulla que la del viento que desplazaba llegó un tren eléctrico. Más que porque me acabaran de salvar de Dios sabe qué estaba impresionado era por el silencio del tren. Nada parecido al Metro de Caracas. ¡No hacía ningún sonido!

Todo el viaje estuve deleitado por el silencio, lo único que lo rompía era el constante sonido del pasar de las ruedas sobre las juntas de los rieles. El paisaje a los lados del tren era de cuentos: en algunos tramos había árboles; en otros, casitas con el techo de teja negra; pasamos también por un cementerio budista y por un puente moderno sobre un gran río.

Luego de un registro exitoso con subtitulos en inglés los ancianitos nos acompañaron a comprar lo que necesitaríamos estos primeros dís aquí: una arrocera electrónica, y arroz. El arroz es el núcleo de la dieta nipona, es también una forma económica de mantenerse con la barriga llena. Para no perder tan pronto la costumbre latina del grupismo adquirimos una arrocera entre 5 latinos, nos salió en una ganga, como a (USD) $ 5 por cabeza.

Luego de arrastrar nuestro mercado con varios sacos de arroz, leche, algunos víveres y creo que algo de pescado por más de 45 minutos nos dimos cuenta de que algo tenía que cambiar. Eso de andar como si fueramos bípedos no tenía mucho sentido. Empecé a infiltrar la idea de comprar bicicletas en el grupo de nuevos becarios. Para el sábado en la tarde ya tenía un escuadrón de 9 compradores, incluyéndome. De cajón que estábamos los latinos (Brasil×2, Peru×2, Ecuador, Venezuela), también vino Israel y Egipto. Marchamos hasta una tienda por departamento. Mi plan: trivial, descuento por cantidad. Lo logramos, y además nos regalaron una bomba de aire para las llantas. ¡Mwajajajaja!

El transporte por defecto de los estudiantes es la bicicleta, hay inclusive secciones del paso peatonal marcadas para las mismas. Las bicicletas aquí vienen con el paquete completo: luces para la noche, reflectores, parrilla, cestita y timbrecito. *suspiro* Aunque no parezca muy varonil es el estádar aquí. Imagínense una fila muy inestable de 9 extranjeros montado bicicleta en las calles de Japón. Ninguno había montado bicicleta en mucho tiempo, todos estábamos como si acabáramos de aprender ayer, una imagen terrible. Vergüenza.

Hasta aquí todo parece muy bien. En especial el hecho de que llegué un día después de lo planeado. Pero no. La gente del laboratorio de mi tutor de tesis me había preparado una barbacoa sorpresa, para recibirme. ¡El grupo de japoneses con los que trabajaré por 3 o más años había hecho una parrilla a un perfecto desconocido del otro lado del mundo y tuve la descortesía de estar viajando encima del Pacífico! Realmente que me dio mucha vergüenza. Si tan solo hubiera escrito un e-mail desde MX cuando me quedé aquel día…

viernes, abril 13, 2007

Llegando a dormir

He llegado a Japón, finalmente, pero no fue fácil. Al día siguiente casi nos quedamos de nuevo en México debido a que los pasajes que nos dieron quedaron en lista de espera por un estresante y malhumorante largo tiempo.

El vuelo MX-Canada tomó alrededor de 5 horas. No puedo decir que me aburrí. Estuve conversando con un mexicano de nombre Jesús, oriundo de Durango, que se va a vivir a Calgary para trabajar como carpintero, una iniciativa del gobierno canadiense que está importando mano de obra mexicana para trabajar la tierra y realizar otros trabajos artesanales. Uno de los sobrecargos/aeromosos del vuelo se enteró que mi destino era Japón y me pidió que le averiguara los precios de los juguetes de Saint Seiya, porque en México se los están vendiendo muy caro. Eso sí fue gracioso, conseguirse con un fan del animé a 24.000 pies de altura y que me pidiera un favor tan peculiar.

Mi estancia en Vancouver fue realmente breve. Si fue una hora fue mucho tiempo. Hasta ahora ha sido el aeropuerto más impresionante que he visto. Por uno de los pasillos por donde los pasajeros en tránsito debemos pasar hay un ave hecha en hierro y madera gigante colgando del techo sobre un lago artificial con canoa y todo. Parte de tu recorrido es acompañado por una cascada proveniente de la misma laguna.

Ya en la sala de abordage en Canadá me estaba sintiendo en Japón debido a la gran cantidad de japoneses que había en ese vuelo. El vuelo Canadá-Narita duró alrededor de 9 horas, el tiempo pasó volando gracias a quien se sentó a mi lado: una simpática canadiense de nombre Sarah. Rompimos el hielo en algún momento alrededor de la primera comida del avión, y a partir de ese momento no dejamos de hablar. Ella también es becaria de Monbukagakushô así que tuvimos muchas cosas en común para hablar. En particular, me ofreció tips para sobrevivir en Japón, me contó sobre su carrera, jugamos reversi/otello en el controlcito del asiento, me mostró su diccionario electrónico de kanji, etc. Al final me dió su número de teléfono móvil en Japón para ver si nos volvemos a ver.

De Narita me llevé la misma impresión que del aeropuerto Benito Juarez de MX, esperaba mucho más. Una vez superada la eterna fila de registro de inmigración nos esperaba la gente de JASSO (JApan Student Service Organization). Mi vuelo para Ôsaka saldría desde otro aeropuerto en Tôkyô a las 21:00, como eso era muy inconveniente, y por iniciativa propia, me cambiaron a un vuelo a las 18:30 que salía desde Narita. ¡Wow! Primera buena impresión de la amabilidad y atención nipona.

Poco antes de abordar el sueño me estaba venciendo. Mi plan era evitar el Jet-lag a toda costa no durmiendo sino hasta llegar a mi cama en la residencia, no lo logré. En el avión me quedé dormido. En ese estado de pseudo-vigila que uno trata de mantener mal-interpreta ciertas indicaciones en japonés y cree que el avión está por aterrizar cuando falta más de medio recorrido. Perdón al brasilero co-becario que desperté creyendo que ya aterrizabamos…

La vista de Ôsaka desde el avión fue abrumadora, la ciudad se veía iluminada y todos los edificios que veía eran de la embergadura del más alto de Venezuela. Las luces se extendían hasta donde podía ver e iban siguiendo el suave sube-y-baja de las colinas de Ôsaka. No esperaba que fuera una ciudad tan grande, ¡era gigante!

En el aeropuerto de Itami nos esperaba otro grupo de JASSO quien nos dio nuestros primeros yenes de sobrevivencia. El frío era muy molesto. Mientras esperábamos en el "lobby" del aeropuerto era atacado por una muy inconveniente corriente de aire primaveral que entraba gracias a las puertas automáticas del aeropuerto, mismas que se abrían cada vez que a alguien se le entraba la gana de irse del aeropuerto a su casa.

Mis expectativas de poder hablar español en Japón eran nulas, de hecho ya me había hecho a la idea de practicar portugués con los brasileros, pero en el taxi/camioneta de Itami a la residencia descubrí que habían varios latinos más. Una ecuatoriana, un par de peruanos y un brasilero fueron con los que calladamente compartí el camino, callado yo por la falta de energías pues ellos iban hablando de lo lindo allá atrás.

Al llegar a la residencia yo pretendía lanzarme en mi cama y ¡hasta mañana! pero no, no se pudo. Nos dieron un recorrido que recuerdo vagamente por las instalaciones de la residencia. ¿Cómo a alguien a las 23:00 y sin dormir de verdad desde hace como un día le puede importar que la máquina de lavar ropa solamente acepta monedas de (JPY) ¥ 100 ? Y así fue todo el recorrido.

Para el momento en que pude estar a solas en mi cuarto ya me había dado por vencido con mi plan. Estaba espabilado y la cama estaba por tender… ¿ya qué más da? y así decidí tomar una ducha antes de mi primera pernocta en este alejado, desconocido y pequeño país al otro lado del mundo.