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viernes, octubre 31, 2014

El faro de Hinomisaki


A Joy le gustan los acantilados y los faros. Son lugares con vistas increíbles. Otoño es una buena temporada para viajar. Así que para octubre de 2012 (todavía estoy poniéndolos al día con los cuentos) planifiqué un viaja para ir a visitar un faro bonito.

Busqué faros en Japón y conseguí uno excepcional: el faro de Izumo Hinomisaki.

El faro era nuestro objetivo, pero conseguimos muchos otros sitios turísticos que visitar en la prefectura de Shimane.



Yo vivo en Ôsaka, que es el número 27 en el mapa, y Shimane es el número 32.

Solicité medio día de vacaciones en el trabajo. El viernes por la tarde agarré junto con Joy un autobús rumbo a Matsue, una de las principales ciudades de Shimane.

Había escuchado que en Matsue hacen una sopa de miso con cierto molusco de la zona. Según se dice, es una sopa deliciosa. En la estación donde nos bajamos conseguimos lo que parecía ser un buen restaurante. Nos metimos y probamos. Yo por lo general no tomo sopa. Es un trauma de la niñez. Sin embargo, esta sopa sí estaba buena. Más pudo la sopa que el trauma.



En la mañana del sábado nos acercamos a la zona del templo de Izumo. Ahí cerca hay un museo sobre sobre el templo y las leyendas de Shimane. Resulta ser que es en Shimane donde se desarrollan muchas de las leyendas shintoístas.

En el museo pudimos ver modelos de escenas de las leyendas. Algunas leyendas son (resumidas):

El dios Susano-o bajó a la tierra y se encontró con una pareja. Casi todas sus hijas habían sido devoradas por la serpiente de ocho cabezas Yamata-no-Orochi. Ya pronto la serpiente venía por la última. Susano-o ordenó a la pareja llenar ocho jarrones con licor. Al llegar, cada cabeza de Yamata-no-Orochi debe el licor y se embriaga. Susano-o no tuvo ningún problema en exterminar a la bestia luego de que se quedó dormida.





Otra leyenda cuenta que al dios Yatsukamizuomitsunu le pareció que la zona de Shimane era muy estrecha, así que agrandó la tierra al traer islas con su soga.



Hay una leyenda que cuenta cómo un conejo que vivía en la isla Oki quería ir a la isla principal. Engañó a unos tiburones para que se formaran en fila "para ver quienes son más, los tiburones o los conejos". El conejo pasó sobre los tiburones hasta la isla principal con el pretexto de contarlos. Pero antes de llegar le dijo a los tiburones cuán tontos eran. El último de la fila no se lo tomó bien y despellejó al conejo. Los hermanos del dios Okuninushi pasaban por la zona, rumbo a pedir la mano de una princesa. Los hermanos engañaron al conejo para que se bañara en agua salada y sufriera más, pero Okuninushi le explicó cómo curarse. En agradecimiento el conejo predijo que sería él quien obtendría la mano de la princesa.



También hay una segunda parte a esta leyenda donde Okuninushi es asesinado dos veces por sus hermanos, y es revivido dos veces por su madre. Luego huye al infra-mundo, se enamora de la princesa de este lugar, le roba la espada a Susano-o y huye junto con la chica. Me pregunto si son leyendas como ésta las que inspiran las épicas del animé.

Luego del museo visitamos el templo shintoísta de Izumo. Es un templo muy antiguo dedicado a Okuninushi quien es el dios de los matrimonios. Muchas parejas van a Izumo para pedir que su amor sea duradero. Nosotros fuimos de pura casualidad :P

En el shintoísmo se tiene la creencia que todos los dioses se reúnen en el templo de Izumo en el décimo mes lunar de cada año. Ahí los dioses deciden los nacimientos, matrimonios y muertes del año que viene. Como en ese mes los dioses se ausentan para atender la reunión, el nombre tradicional del décimo mes lunar es Kannazuki, o "el mes sin dioses". Pero en Shimane se le llama Kamiarizuki o "el mes en que hay dioses".



El templo de Izumo tiene una shimenawa muy característica. Shimenawa es una soga de paja que indica que un sitio es sagrado. La shimenawa de Izumo es la más grande de Japón.



Tuvimos la suerte de ir en el momento en que se celebraba una boda shintoísta. Vimos desde afuera del altar. Cuando terminaron le robamos una foto a las familias.





Luego de almorzar en un restaurante cualquiera agarramos un autobús hasta un sitio cercano al fato de Hinomisaki.

Le tenía a Joy una franela con un poema geek:

«Roses are #FF0000
Violets are #0000FF
All my base
are belong to you
»



El faro de por sí es muy bonito. Arriba la vista es realmente hermosa. Tienes todo el mar enfrente a ti. El sol es radiante. La brisa nunca cesa de visitar. Allá arriba sólo se escucha el mar romper contra el acantilado y de vez en cuando los sonidos de alguna ave. Estar allá arriba es estar desconectado del mundo por un rato. Es como si el vacío te colocase en otro mundo muy distante del nuestro.









Provoca quedarse horas. Pero el viento se hacía cada vez más frío y más fuerte, y el atardecer se acercaba. Yo tenía un plan para el atardecer: pasarlo en la playa de Inasa-no-hama.

En Inasa-no-hama hay una gran roca llamada Benten-Iwa. Al ver semejante roca en la playa, es fácil ver de dónde surje la leyenda del dios que halaba islas hasta Shimane.



El shintoísmo dice que es en esta playa donde llegan los dioses que van a visitar el templo de Izumo. Ahí nos quedamos hasta el final del atardecer.



El día domingo por la mañana tomamos un mini-curso de hacer dulces japoneses, o wagashi. Son dulces frescos hechos con harina de arroz. Por ser frescos y húmedos apenas duran uno o dos días.

La lección la dio un maestro repostero. Era un señor mayor. El maestro tenía un manera de moverse y expresarse que me recordó mucho a una de mis abuelas. Ella en su época moza fue maestra de artesanía. La manera muy directa de enseñar, la forma firme pero no desagradable de corregir, el cómo usa sus manos, todo me recordaba a mi abuela.



La pasta de arroz, las decoraciones de gelatina, y todo lo necesario estaba preparado de antemano. Lo único que hicimos fue ensamblar los dulces. Hicimos dos. Uno con los colores del otoño y uno en forma de castaña. El tercer dulce nos lo dieron de regalo.



Con nuestros dulces a cuestas agarramos un pintoresco autobús hasta el castillo de Matsue.



El castillo en sí no es muy diferente de castillos que había visitado anteriormente. Lo que lo hace especial es que es uno de los pocos castillos japoneses que se conservan en su estado original.





En el jardín del castillo conseguimos una tiendita de té verde. Pedimos sendos té y aprovechamos para comer los dulces que habíamos hecho. Los dulces japoneses solos no saben muy bien. Son un poco pastosos y algo insípidos. Pero al tomarlos juntos con té todo cambia. El té hace que resalte su dulzura, los sabores se tornan vivos, y es más fácil de pasar. Delicioso (:



Con eso cerramos el viaje. Abordamos un autobús de regreso a Ōsaka y a seguir con el trabajo.

Pueden encontrar más fotos en el álbum de Flickr.

sábado, agosto 09, 2014

Fushimi Inari Taisha

Tengo mucho tiempo sin escribir. Ahora que tengo un poco más de tiempo en mis manos me gustaría contarles las aventuras que he tenido en estos últimos años de ausencia. Voy a empezar por una aventura de mayo de dos primaveras atrás.

Fushimi Inari Taisha es un conjunto de altares shintoístas que siempre me ha llamado la atención. Es un camino de aproximadamente 4 kilómetros por la montaña Fushimi, en Kyōto, y todo el recorrido está marcado por torii y altares. En este conjunto de altares se adora a Inari, un dios del shintoísmo. Taisha significa gran altar.

No había ido antes pues esperaba por una ocasión especial. Me pareció que la visita de mis hermanos a Japón era una ocasión que ameritaba ir a este altar, y así lo hicimos. Pero nuestro itinerario era más ambicioso que realista y terminamos llegando a Fushimi Inari Taisha en la noche. No pudimos explorar los miles de torii, a pesar de que nos tentaban con adentrarnos en la oscuridad de la naturaleza.

Luego de esa ocasión no volví más.

Ahora que con novia tenía una ocasión especial para volver. ¿Qué tal una cita de excursión?





En el complejo se realizan muchas formas de oraciones y ofrendas. Por ejemplo, uno puede hacer una ofrenda a través de comprar una tablita de madera al templo. Luego, uno escribe sus deseos y la ata junto con las demás.



Una de las características del Fushimi Inari Taisha son los miles de torii que guían el camino. Los torii son portales que indican que lo que está al otro lado es sagrado. La entrada de todos los templos shintoístas está marcada por un torii.

El dios Inari es patrón de multitud de intenciones. Una de ellas es la riqueza. Los torii que adornan el camino son ofrendas hechas por grandes y exitosas empresas en gratitud a Inari por su protección. En el frente de cada torii está escrito 奉納 (hōnō) que quiere decir "ofrenda". En la parte de atrás está escrita la compañía que lo donó y la fecha. Me puse a revisar el revés de varios torii a ver si veía uno que dijera 任天堂 (Nintendō). Ellos tiene sus cuarteles generales en Kyōto, y no se puede decir que no tengan éxito. Imaginé que donarían uno, pero si es así no tuve la suerte de encontrarlo.









Hay torii de diferentes precios y tamaños. Si no puedes comprar uno de los grandes de $10.000 puedes optar por el modelo compacto.





La otra característica de Fushimi Inari Taisha es la gran cantidad de estatuas de zorros. Los zorros son símbolos de Inari.

Originalmente, Inari era el dios de las cosechas. O sea, el dios del arroz. Uno de los peores enemigos del arroz es la rata. Uno de los peores enemigos de la rata es el zorro. Por eso de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, los zorros fueron adorados por los campesinos. Ver un zorro en tu sembradío era algo bueno. El zorro te protege a ti. Protege tu cosecha. El zorro se convirtió en el emisario de Inari.

Los zorros van por lo general en parejas, según entiendo, para expresar la dualidad hombre/mujer de Inari. También se les ve con una llave en la boca, que es la llave del granero de arroz. A veces llevan espigas de arroz en la boca o algún otro objeto. No hay forma definida de lo que debe llevar un zorro de Inari.









Una de las ventajas de ser extranjero en Japón es que poquísimas personas hablan idiomas extranjeros. Eso le da a uno privacidad en público. Uno puede conversar de cualquier tema privado con la certeza de que nadie te entiende, o si acaso sólo una persona.

A pesar de tener el privilegio de la privacidad en público, algunas veces nos desviamos del sendero principal. A pesar de la privacidad pública, uno quiere sentir que está en privado. Caminamos por unas rutas entre árboles y conseguimos flores que le gustaron a Joy.





Caminamos bastante. Lamentablemente, no exploramos todo el camino. Hay varias rutas que se bifurcan, rutas que dan una vuelta hacia atrás, etc. Ya a mitad de la tarde yo no tenía energías, y todavía hacia falta regresar a donde partimos. ¡Qué mala impresión para una de las primeras citas!

Fue un día excelente. Logré conocer a Joy un poco más. Me alegra que a ella le guste la naturaleza tanto como a mí. Al final de día estábamos tristes porque se acabó nuestra cita-excursión.



En flickr pueden ver las fotos anteriores con más detalles y ver fotos adicionales.

jueves, julio 29, 2010

Shakai-jin

Aquellos que han tenido la buena fortuna de seguir la serie de animé Dragon Ball recoradarán con particular cariño el sufijo que se usaba para indicar la raza de algunos personajes. La gente del planeta Namekusei se llamaban Namekusei-jin y los guerreros con cola y gran fuerza eran los Saiya-jin.

El sufijo -jin no es un invento de esta serie, es parte del idoma japonés; se escribe con un kanji que significa "persona"; se pronuncia como se leería en castellano "yin", o sea, como los pantalones "blue-jean"; y denota "ser persona de ~". De modo que una persona de Namekusei es un Namekusei-jin, un mexicano es un Mekshiko-jin y un español es un Spein-jin. Los gentilicios en japonés tienden a ser fáciles de aprender.

Shakai no es un lugar, es una noción. Es ese conjunto relaciones e interdependencias entre las personas. En castellano shakai se dice sociedad. Por lo tanto, ingenuamente uno podría pensar que shakai-jin es una persona de sociedad y, a menos que uno sea un ermitaño viviendo en lo alto de una torre, como toda persona participa de la sociedad toda persona ha ser un shakai-jin.

Sin embargo, en Japón no toda persona es considerada un shakai-jin. Éste es un título especial y genera un aura de respeto. Los niños no son shakai-jin. Los estudiantes, aunque sean universitarios o de postgrado, no son shakai-jin. Las amas de casa y los retirados de la tercera edad no son shakai-jin. El título de shakai-jin se le otorga a aquel que aporta valor a la sociedad a través de su trabajo.

No hay una palabra en castellano que contenga todos los conceptos de shakai-jin, así que trataré de explicar todo lo que rodea a este título con la esperanza de poder transmitir este original concepto.

Ser un shakai-jin es visto como algo noble y elogiable. Y no hay quien desee más un poco de respeto que los jóvenes japoneses. Finalmente se les reconoce como parte activa de la sociedad, como adultos hechos y derechos.

Para la gente de mi labotarorio esto significaba mucho, y no dejaban de recordarme que en pocos meses me convertiría en un shakai-jin. Yo, ignorante del concepto, no sentía ni la menor pizca de emoción en convertirme en un empleado a tiempo completo, que es lo que para mí significaba esta palabra. Pero lo que todos veían era la transición a la adultez completa.

Los shakai-jin son reconocidos como adultos independientes, con todos los derechos y responsabilidades. Tienen derecho al respeto, derecho a gastarse el dinero de cuanta manera ridícula conciban, derecho a estar cansados y estresados, derecho a no ejercer sus derechos de vacaciones anuales, etc.

Claro está, no hay derecho sin deber. La libertad económica y el respeto vienen con una etiqueta de precio. Por un lado la responsabilidad es grande. La responsabilidad en Japón es igual a la misma responsabilidad que uno tendría en occidente más el peso de llevar el nombre de la compañía en tus hombros. Japón es una sociedad de sociedades. Uno nunca es solo, uno siempre es uno en un grupo. De modo que si robas, causas un accidente de tránsito, o haces cualquier cosa que merezca ser nombrada por la prensa, no dirán Simón de Venezuela, sino Simón de Platinum Games. En occidente, si te llevas un semáforo por andar manejando ebrio, eso es problema entre tú y la ley, nadie en tu compañía se molestará por ello. En Japón tendrás a toda la compañía molesta contigo porque has manchado el nombre del grupo; posiblemente perderán algunos clientes, la compañía hará menos dinero y todo será tu culpa. Quién sabe qué te toque más allá, tal vez un despido sería mejor al perenne desprecio silencioso de años por venir.

Sin embargo, no es esta responsabilidad la que define al shakai-jin. En mi experiencia lo que define a un shakai-jin es una constante preocupación por ser considerado con los demás. Ahora bien, no es tan simple como suena.

Esa consideración con el prójimo es un super-conjunto de la buena eduación occidental. Tenemos el básico "buen día", que se da con un tono de voz adecuado y con pronunciación inteligible, incluso al subirse al ascensor. También tenemos el básico ser puntual. Si por alguna causa de fuerza mayor uno va a llegar tarde, aunque sea un par de minutos, uno tiene consideración con el otro y, para evitar que se desespere, llama por teléfono y avisa.

Cuando uno saluda en Japón no da la mano, hace una reverencia. Un shakai-jin sabe que echar la cabeza para adelante cual pájaro a la vez que produce el sonido "~su" no constituye una reverencia, aunque sea común entre los estudiantes. Un buen shakai-jin conoce los distintos tipos de reverencia y hace uso del adecuado. Un inclinación de 15 grados con respecto a la vertical se ejecuta brevemente y es una pequeña señal de respeto. Normalmente va a compañada del saludo "o-tsukare-sama desu". Una de 30 grados dura tan solo un poco más y es más cortés, perfecta para saludar al presidente de la compañía o dar las gracias por un favor. Una de 45 grados es una gran reverencia, debe durar alrededor de 5 segundos y se usa en caso de una grave falta de respeto, algo que merezca una disculpa profunda. No hay inclinación mayor que esta.

Cuando un shakai-jin va a tomar asiento toma en cuenta el principio del "kami-za, shimo-za", es decir, "puesto superior, puesto inferior". Evidentemente, hay mejores puestos y peores puetos, y es deber del considerado shakai-jin ser considerado con los demás y ofrecer los mejores asientos a superiores e invitados. En un taxi el mejor asiento, el "kami-za", es el que está en la parte posterior y opuesto al conductor, porque es el de más fácil acceso; mientras tanto, el "shimo-za" será el asiento del medio, por ser el más incómodo. En un ascensor el "kami-za" será la parte de atrás del mismo, pues no hay que preocuparte por hacer espacio para los otros pasajeros ni bajar y subir del aparato para permitir que los demás puedan salir y entrar; el "shimo-za" será el lugar enfrente del tablero de control, porque le toca operar la máquina y bajar y subir según sea requerido por los demás.

Cuando un shakai-jin acuerda una reunión llamará el día anterior para recordar la cita a la otra persona, será puntual y no tomará alcohol en el almuerzo anterior a la reunión para evitar ofender con el olor. Cuando conoce a una nueva persona intercambiará tarjetas de presentación sosteniendo la suya con ambas manos, de modo que la otra persona no tenga que rotarla para leerla. No doblará ni rayará la tarjeta recibiba. Tampoco la guardará, de modo que siempre tenga a la vista el nombre del interlocutor, lo que es un signo de respeto y consideración.

De Japón es bien conocido que se utiliza el honorífico -san luego de los nombres de las personas. Ahora bien, un shakai-jin sabrá cúando y cuándo no utilizar dicho sufijo. Dentro de la compañía se utilizará para referirse o para hablar con superiores. Fuera de la compañía se utiliza con cualquier persona. Sin embargo, si estoy hablando con alguien fuera de la compañía y me refiero a mi jefe no puedo utilizar -san. Aunque sea el presidente de la compañía tengo que referirme a él a secas. La razón es que -san es un honorífico relativo, y al llamar a mi jefe con -san estoy forzando mi jefe por encima de mi interlocutor, lo que no es ser muy considerado. Claro está, si estoy hablando con mi jefe, aunque sea en presencia de personas de afuera, me toca utilizar -san. Hay una excepción y es que uno no utiliza -san cuando llama a una persona por un título que ya tiene cierto honor. Es una falta de respeto decir "presidente-san", porque es un doble honorífico, y todos los doble-honoríficos están reservados para la familia Imperial.

Al uno ver cortesía tan abundante como el aire brotar por cada detalle y movimiento queda claro porqué Japón funciona: los engranes de esta sociedad están lubricados con el esfuerzo y consideración de los shakai-jin.

Son las personas que producen, las que toman los trenes atestados para ir a crear significado con su trabajo, los que se esmeran por que el otro se sienta agradado con cortesías los que se ganan el título de shakai-jin.


lunes, junio 14, 2010

Hanami

Japón tiene cuatro estaciones bien definidas. Tan bien definidas que algunos nacionalistas radicales llegaron a considerar que era el único país en el mundo con realmete cuatro estaciones. Cada estación trae consigo diferentes tradiciones, colores y comidas. La mente del japonés funciona cíclicamente entre estas fases anuales, disfrutando la presente y esperando con ansias lo bueno de la siguiente. Muchos dicen que la vida en un lugar sin estaciones sería constante y aburrida.

El verano es húmedo y caliente, en sus noches hay festivales y fuegos artificiales, y se consigue kakigôri por doquier. Otoño es fresco, la distensión perfecta del verano. La gente va a ver los arces vestidos de hojas rojas y pasean por las noches admirando la nítida luna. El invierno es frío, por lo que se come "nabe", una gran sopa con un montón de vegetales. La gente esquía y hace conejos de nieve . Al igual que las demás estaciones la primavera trae sus tradiciones, pero la primavera es especial de entre sus hermanas pues uno de sus rituales es sinónimo del ser en cuanto japonés: el hanami.

Si hay un árbol y flor símbolo de Japón, ese es el sakura, o cerezo. Durante casi todo el año este árbol es apenas distinguible de entre los árboles comunes. Tiene hojas verdes y delgadas ramas color tronco. En invierno se queda calvo de hojas. Pero al llegar la primavera se vuelve el centro de atención de toda una nación. El sakura florea. Se cubren en su totalidad por pequeñas flores de un color rosado casi blanco.







En las noticias se dan predicciones de cuándo empezarán a florear. Cuando ya están floreando reportan el movimiento del fenómeno, que es una ola que empieza en la isla sureña de Kyûshû, asciende por Honshû y va a dar hasta Hokkaidô.

Cuando los sakura florean, se hace hanami. Hana significa flor, mi viene del verbo miru que significa ver. Hanami significa ver flores, pero por "flor" se refieren exclusivamente a las flores de los sakura, y por "ver" se refieren a hacer una fiesta. La mejor palabra que uno puede usar para traducir hanami sería picnic. En un hanami los japoneses se sientan sobre lonas azules para disfrutar de la comida y del abundante alcohol, entre risas y el desafinado cantar de aquel que se trajo su equipo portátil de karaoke.

Aparentemente, hace más de mil años el florear de los cerezos se usaba para predecir qué tan buenas serían las cosechas arroz, y sake era ofrecido a los espíritus de estos árboles. Eso fue evolucionando a que la gente se tomaba el sake, agregaron banquetes y ahora es una fiesta bajo los sakura para estrechar la amistad.

El hanami es importante. Todo el mundo va de hanami. Familias, amigos, laboratorios universitarios y compañías. Como todo el mundo va de hanami hay competencia por tomar los mejores lugares. En la universidad es común que los laboratorios aten notas en el tronco de un cerezo reclamando esa área tal fecha para tal laboratorio. Como se necesita mucha área cubierta de flores, y como a los japoneses les encanta tanto, los cerezos son plantados en jardines, parques, castillos y a los lados de las calles.









El cerezo se mantiene floreado por apenas una o dos semanas, y luego vuelve a su ser normal.

Los extranjeros recien llegados traen consigo las imáganes de los hanami que se ven con mucha frecuencia en el arte popular japonés; de modo que experimentan toda la emoción que se genera entorno al florear de los cerezos, la cobertura en la televisión y los planes de ir de hanami. Pero cuando van a ver, no han pasado un par de fines de semana cuando los sakura se convierten en árboles comunes (y dejan un reguero de flores en las calles). No es extraño que los extranjeros piensen que es demasiada emoción en vano. Que tener el país cubierto de cerezos solo para ver flores dos semanas no vale la pena. Pero esa brevedad es un aspecto importante del sakura. Debido a la influencia del pensamiento budista, el fugaz florear se aprecia como un símbolo de la vida, que es bella pero temporal.

Cuando estaba en el lab. todos los abril tuvimos un hanami. También iba de hanami con la gente del dormitorio. Ahora que estoy trabajando, tuve un hanami corporativo.

Como entenderán por lo explicado en otros posts no puedo contar mucho de este hanami, sólo que fue. Aquí pueden ver la ignauguración del mismo, aunque no hay mucho que ver y menos que escuchar.



Esto del hanami ocurre a principio de la primavera, de modo que ocurrió a principios de abril, pero por estar muy ocupado no pude contarles sino hasta hoy.

miércoles, marzo 24, 2010

Onsen

El hombre nace desnudo. En muchos lugares del mundo, el hombre crece desnudo y vive desnudo. En otros lugares, la desnudez es vista como mala, y los hombres se visten con ropas que utilizan para mostrar su profesión o su pertenencia a algunos grupos; en muchas de esas regiones, desnudarse ante otros es un tabú y sólo es válido en un par de casos. En algunos otros lugares, como Japón, el hombre nace desnudo, crece con ropa, pero la desnudez se ve con más naturalidad.

Hace no muchos años los baños públicos en Japón eran lo normal. El común de la gente no tendría en su casa una bañera privada, sino que usaría el baño del pueblo. También era común que los baños públicos fueran unisex. Muchas veces el mismo baño era usado por hombres y mujeres, niños y niñas. Eso fue hace tan poco tiempo que cuando mi profesora de japonés era niña se bañaba en el baño local.

Obviamente, Japón ha cambiado. Ahora es una nación rica donde la gran mayoría de las personas tienen en sus casas un ofuro, o sea, la típica bañera japonesa que es más profunda que larga. Debido a que ya no son necesarios, los baños públicos, o sentô, están disminuyendo en número. Además, por la influencia occidental, sólo en algunas áreas rurales se consiguen sentô mixtos, el resto están separados por género.

Sin embargo, hay un tipo de sentô que se mantiene fuerte: los onsen. La palabra onsen está compuesta por un kanji que significa "agua caliente" y por un kanji que significa "manantial", en otras palabras, onsen significa aguas termales, y son un punto importantísimo dentro de la cultura japonesa. Primero, es una tradición milenaria. Segundo, es muy relajante. Y por último, en Japón es de suma importancia que haya una alta cohesión dentro de los miembros de un grupo, y compartir un baño genera lazos de amistad.

Los onsen también han evolucionado con la riqueza de la nación, ahora muchos son lujosos, algunos convertidos en spa, con hoteles alrededor donde los huéspedes pueden consentirse con costosos banquetes y suaves futones.

Yo sabía de la existencia de los onsen desde mucho antes de venir a Japón. Cualquier persona que vea animé eventualmente se topará con esta muy arraigada tradición. Tan arraigada es que la gente del lab. en el que estudié van a onsen juntos y eso es considerado algo en extremo normal. Por ejemplo, en el gasshuku de verano nos quedamos en una posada japonesa, las habitaciones no tenían ducha, todo el mundo se bañaba en el sentô del hotel. Como sólo nos quedamos una noche, decidí que podía estar 24 horas sin bañarme y evité el sentô. Similarmente, en el gasshuku de invierno nos quedamos en una posada japonesa que tampoco tenía baños en los cuartos, sólo un onsen, pero como eran 2 noches no tuve más opción que bañarme allí. Ahora bien, no me daría por vencido tan fácilmente. Pedí al gerente de la posada que me permitiera usar el onsen luego de la hora de cerrar, de modo de estar solo, cosa que logré.

Del párrafo anterior podemos aprender dos cosas: que las posadas japonesas no tienen duchas privadas y que Simón no ha querido bañarse en público.

Cuéntanos Simón, ¿por qué?

Imagino que porque es más barato construir un edificio con un solo baño que con un baño por habitación, además de que así se sigue la tradición, cosa que fascina a los japoneses.

No me refería a esa parte.

¡Ah! Bueno, la respuesta es simple: ¿Quién quiere estar desnudo con los profesores de su lab? La verdad es que vengo de una cultura extremadamente homofóbica que vería como una aberración semejante escena. No es que sucedan cosas raras en los onsen, para nada, es simplemente un cicatriz mental de la cultura latina. Encima de eso, dicha cultura latina considera la desnudez como un tabú. Por esas razones nunca me he bañado en público, lo que sumado a la pena natural da por resultado una fobia a los onsen y sentô en general.

Pero eso tenía que cambiar. En mi afán por aprender más de la cultura japonesa tarde o temprano me tenía que meter en un onsen. Eso sucedió bastante tarde, luego de haber estado en este país un poco más de 2 años. La ocasión fue la visita de mis hermanos a Japón. Uno de los requerimientos que hizo mi hermana cuando estábamos planeando el viaje era ir a un onsen. Sara está muy interesada en la cultura japonesa (tanto que estudia el idioma), ergo, era imprescindible la ida a un buen onsen.

Como el tiempo no era uno de los lujos del viaje y no podríamos probar varios sitios, tuve que escoger un onsen memorable. Conseguí que Arima Onsen, al lado de Kobe, es uno de los más famosos dentro de Japón y además tiene varios siglos de tradición. Aparentemente es frecuentado desde el siglo VIII y gente famosa en la historia de Japón, como Toyotomi Hideyoshi, visitaba sus aguas.

Arima Onsen no es un solo onsen, es una zona. En esa zona hay dos manantiales, uno es el manantial de oro y el otro es el mantial de plata. El de oro se llama así por su color, que es causado por el hierro que contiene, el otro es cristalino. Alrededor de esos manantiales se han construido varios onsen con diversos servicios y lujos.

Nosotros fuímos a Taiko no Yu porque permiten a los clientes entrar al agua sin tener que hospedarse en el hotel y porque ofrecen 24 diferentes bañeras. Si vamos a ir a un solo onsen mejor ir a uno con mucha variedad :D

Desde Kobe tomamos un tren que llega hasta Arima. En la estación de Arima tomamos un bus para clientes de Taiko no Yu que nos llevó directo al hotel.

Así fue mi experiencia: primero uno deja sus zapatos en unos casilleros en la entrada, en todo el hotel se camina con sandalias. Uno pasa a la recepción y paga la entrada, algo así como USD $25 por todo el día. Ahí uno obtiene una llave de un primer casillero, una yukata (una especie kimono ligero) y un par de toallas, una grande y una muy pequeña.

A continuación uno entra a los primeros vestidores que están separados por sexo. Ahí uno se cambia de ropa a yukata y deja la ropa en el primer casillero. Luego uno va con sus toallas a la sección de onsen. Ahí nos separamos de mi hermana, pues estos onsen también están separados por sexo.

Comprenderán que en ese momento estaba nervioso, primera vez en un onsen, con todo el rollo mental de mi cultura. Sin embargo, lo primero que veo son varios niños corriendo por el segundo vestidor como Dios los trajo al mundo. Al ver a esos niños jugando tan inocentes de todo me dije a mi mismo que desearía ser así y olvidarme de todo el problema occidental del tabú.

Este segundo vestidor es el vestidor de la verdad, pues ahí uno se quita la yukata y la guarda junto con la llave del primer casillero y la toalla grande en un segundo casillero. La toalla grande es la que uno usa para secarse una vez que ha terminado de usar el onsen. La llave de este nuevo casillero incluye una liga de modo que la puedas usar como pulsera. Por cierto, ésa es la respuesta a la milenaria pregunta de "¿qué hacen los nudistas con las llaves del auto?".

Con la llave como pulsera y la toalla pequeña uno pasa del segundo vestidor al sitio donde está el agua. Sin embargo, la toalla chiquita no es suficientemente grande como para cubrir todo. Sólo alcanza para tapar la vanguardia, la retaguardia va desprotegida.

Allí adentro ya pude ver 3 de las 24 bañeras prometidas. La primera es agua cristalina que baja del monte Rokko, y así como viene la vierten en una bañera



es agua fría, no me metí en ese instante. Luego vi 3 bañeras más, una proveniente del manantial de oro, una del manantial de plata y una del de plata mezclada con agua fría:







Sin embargo, uno no se mete al agua así nada más. Hay que bañarse antes. El objetivo del agua termal no es limpiarse, es sanar el cuerpo y relajarse. En cuanto a la sanación, todos los buenos onsen tienen una tablita con la descripción de los minerales que contiene el agua y qué tipo de enfermedades cura.

En cuanto a lo de que es para relajarse y no para limpiarse el cuerpo, bueno, no es una imagen muy inspiradora la de meterse en el agua donde alguien dejó todo el sucio que tenía pegado al cuerpo. Por lo tanto, antes del onsen hay ducha. Uno se sienta en un banquito de madera y se lava con jabón y shampoo líquido que hay a disposición de los clientes. Algunas personas utilizan la toallita para restregar su cuerpo, así que descubrí que no es sólo para mantener un poco de pudor.

Ahora sí que sí, ¡al onsen! Primero probé el de plata mezclada. No estaba tan caliente, estaba perfecta, pude entrar bastante rápido. Me quedé unos minutos ahí, relajado. Sin embargo, como me prometieron 24 bañeras lo que tenía en mente era ir a la siguiente. Probé la de oro. Ésa sí estaba súper caliente, tanto que no pude estar mucho tiempo inmerso. Decidí meter sólo las piernas un rato antes de seguir a la siguiente.

Como no tenía suficiente coraje para meterme en agua fría, decidí subir a la terraza. La terraza no tiene techo, pero sí tiene paredes. Ahí está el resto de las bañeras. La primera que probé es un agua que es una mezcla del manantial de plata con aguas aromáticas. Ese mes tocaba limón. Me imagino que por efectos de aroma-terapia uno se relaja aun más. Olía muy bien.



Estando de onsen en onsen eventualmente uno llega a una conclusión de que la toallita no es tan necesaria. Puedes cubrirte un poco mientras estás afuera del agua, pero está prohibido introducir la toalla en el onsen, así que la persona obsesiva va a estar en un constante maniobrar cada vez que sale o entra al agua. Hay mucha gente que camina sin usarla para cubrirse y no hay ningún problema. La verdad es que el ambiente es muy sano y es visto con naturalidad que la gente ande al natural.

Cuando todas las personas a tu alrededor andan sin tanto problema para taparse, uno se siente un poco tonto esforzándose en seguir una manera de pensar que no tiene validez ahí. Uno se da cuenta de lo absurdo que resulta cubrir una parte arbitraria del cuerpo. Estar como uno es es la acción más lógica y lo adeacuado en ese contexto.

Ya sin mucha pena fuí a probar las bañeras restantes. La siguiente es el agua de ácido carbónico. Ese espacio, un poco aislado del resto, tiene un sistema de iluminación para relajar aun más al cliente. Lo divertido de esta bañera es que gracias al ácido se van formando burbujas sobre tu piel. Es entretenido pasarse la mano por los brazos y reproducir el efecto de un vaso de Coca-cola.



Luego tocó otra agua del manantial de oro.



aparentemente la concentración de minerales en esta agua es mucho mayor que la del piso inferior, por lo que hay que usarla con cautela… También hay una pared de piedra por la que fluye el agua a la bañera, y una especie de silla de piedra en el que puedes sentarte para que tu espalda intercepte la corriente.

Luego de haber pasado por varias bañeras de altas temperaturas uno empieza a pasar calor. Para permitir que el calor se disipe existen este par de charcos:





En el primer caso, uno se puede acostar en el suelo, recostar la cabeza en unos troncos y colocar los pies en agua cristalina. Sorprendentemente, los troncos no son tan incómodos. Como casi todo el cuerpo está afuera del agua la temperatura del mismo baja. En teoría, en el día uno también puede usar ese lugar para tomar baños de sol. El segundo caso es similar, pero sentado.

Luego de enfriarme un rato fuí al kamaburo:



La forma es demasiado graciosa, ¡es un bol! A pesar de causarme gracia, fue la que más me gustó. No sé que manantial es, por ahí decía que tiene germanio, pero el agua tibia cayendo sobre tu espalda es perfecta. Además del agua, la forma de la ponchera es totalmente ergonómica. No hay mucho que hacer, ni a donde moverse, por lo que puedes concentrarte unos minutos en pensar en nada.

Si contamos, hasta ahora me había metido en 8 bañeras. Sin embargo, se acabaron las opciones. Ahí me engañaron. Resulta que del total de 24 bañeras la mitad está en la sección de mujeres. De las 12 en la sección de hombres, hay 3 repetidas que son los kamaburo. A pesar del engaño, no puedo negar que tienen más variedad que la competencia.

La última que probé fue la bañera fría, se siente bien enfriar el cuerpo súbitamente, pero no es para estarse mucho tiempo ahí. Luego de haberte enfriado puedes disfrutar otra vez de bañeras calientes :D

En algún momento coincidí con mi hermano que estaba hablando con un japonés en inglés. Eventualmente me uní a la conversación. El señor estaba muy interesado en qué hago en Japón, mi opinión sobre los onsen y el hecho de que no hay esa cultura en iberoamérica.

¿No te da cosa hablar con alguien sin ropa?

Pues la verdad es que siente igual que hablar con alguien con ropa. Como dije más arriba, el ambiente es muy sano. Pareciera que la forma de pensar es la misma que cuando uno tiene ropa. ¿Qué más puro que eso?

Como ya se acercaba la hora del último tren de regreso, tuvimos que salir de los onsen. Mi hermana olvidó toda noción de tiempo, así que fue necesario que yo le pidiera a una empleada que buscara a una extranjera de nombre Sara en la sección de mujeres, y que por favor la sacara.

Nos tocó correr un poco, pero alcanzamos el último tren.

¡Qué maravilla son los onsen, y qué diferente de como los imaginaba! La gente no está pendiente de nada raro, conversan, hay niños jugando y mucha relajación en un ambiente sano. Habiendo perdido todo el miedo y habiendo aprendido lo bueno que son, en el gasshuku de verano de 2009 (que no blogueé por falta de tiempo) no despericié la ocasión. Ese gasshuku fue en una zona de onsen. Me dio muchísima risa cuando entré a uno y escucho "¡Simón, ¿qué haces aquí?!" dicho por de uno de los profesores quien inmediatamente aseguró su toallita a la cintura.

Ya va, ya va, muy bonito tu cuento, pero ¿qué paso con la moral cristiana y tal? Arriba dijiste que en algunas culturas eso es considerado malo, como en la tuya.

Sí, ya iba a llegar a ese punto. Quien se tome la molestia de investigar un poquito más a fondo y no se limite a lo enseñado en catequesis, conseguirá que no hay problema moral alguno con la desnudez pública.

Cuando uno es niño, tiene una fe de niño y comprende las cosas como un niño. A un niño en catequesis no le van a poder explicar toda la complejidad moral del asunto, así que lo resumen en que andar desnudo en público y ver gente desnuda es malo. Cuando uno es adulto debería tener una fe de adulto y comprender las cosas como un adulto. Leyendo el catecismo de la iglesia (el grueso de tamaño de un Pequeño Larousse, no el resumen tamaño folleto), leyendo encíclicas y libros del Papa Juan Pablo II, hablando con sacerdotes, etc. uno puede comprender lo siguiente: la desnudez no es mala, Dios hizo al hombre desnudo. Lo que puede cambiar la moralidad del asunto es la intención del hombre: si hay lujuria, sí es pecado. Sino, no debería haber problema.

A pesar de que no debería haber problema uno escucha mucho que todo eso es malo. Esto se debe a la sobre-simplificación indebida de que el problema es la visión de occidente: nuestra cultura está acostumbrada a asociar desnudez con sexo, y es una asociación difícil de romper, por lo que exponerse en vano a la desnudez no parece lo más sensato. Por esta razón es que se recomienda prudencia con el pudor.

Luego de experimentar lo bueno y lo natural que resulta andar como Dios hizo al hombre, conseguí que esa asociación de mi cultura es perversa en si. Trae más problemas que beneficios. Sospecho fuertemente que esa es la raíz de muchos problemas en nuestra sociedad. Como no puedo cambiar mi cultura, pero si puedo cambiarme a mí mismo, he decidido escapar de esa forma de pensar y tratar de adoptar un pensamiento más inocente como el japonés. Estar en los onsen ha sido un excelente primer paso.

Nota: las fotos de las bañeras fueron sacadas de la página web de Taiko no Yu. Además, espero que no hubiera nadie esperando fotos con personas.