lunes, agosto 20, 2007

Lecciones de antropología

A las 2 ó 3 semanas de haber llegado a Japón decidí que quería practicar en la universidad alguna actividad japonesa. Tenía que aprovechar esta oportunidad.

En todas las universidades japonesas hay "clubes" (bukatsu) y "círculos" (saakuru, del sustantivo inglés "circle"). La diferencia entre ambos radica en que los clubes son serios, es obligatorio ir a todas las prácticas y participar de todas las actividades del club, bien sean competencias o salidas para beber. Los círculos son grupos de personas que se reunen para practicar alguna actividad en particular, pero lo hacen con la idea de divertirse, se lo toman con calma, cero presión, posiblemente no participen en competencias, etc.

En mi universidad hay muchos clubes, para todos los gustos. Hay clubes deportivos, como rugby, lacrosse; hay clubes culturales, como tocar el tradicional o-koto o practicar caligrafía con kanji (shodo, "el camino de la escritura"); hay clubes divertidos como el de video-juegos; etc. También hay círculos, como el de tenis.

O-koto:


Como era de esperarse de una universidad de Japón hay muchos clubes de artes marciales. Karate, Tae-kwon-do, Kendo (combate con espada de bambú), Kyûdo (arco y flecha japonesa), Judo y Aikido fueron las artes marciales que pude conseguir. En un principio me llamó la atención el kyûdo, pero lamentablemente el club sólo aceptaba estudiantes de pregrado, un estudiante de investigación y futuro estudiante de maestría estaba más allá de los límites del club.

De las demás artes marciales sólo me llamó la atención el aikido. El kendo es una sobre-simplificación de las verdaderas prácticas con espada, lo que se practica ahí no es lo que se usaba en las peleas antiguas, es el deporte que quedó luego de remover todas las prácticas realmente marciales. Se dice que el judo es malo para la cadera… las artes con puños y patadas no me interesan, para mi enfrentar fuego contra fuego no es lo ideal. De ese modo el Aikido fue la opción escogida.



La palabra aikido está compuesta por tres kanji. El primero, ai, significa unión, con la idea de armonizar; ki significa espíritu, energía; do es camino. El camino de la unión con la energía. La idea básica del aikido es NO enfrentarse u oponerse al atacante, es utilzar técnicas suaves para desequilibrar y derribar al oponente. Utiliza puntos de presión, torceduras, agarres y fuerzas centrífugas de modo que el oponente termine en el suelo.

Breve video ilustrativo donde se demuestran varias técnicas de esta arte marcial:



Como dije antes, los clubes son serios. Muy serios. Tres prácticas por semana, martes, jueves y SABADO de casi 3 horas cada una. El club es tan serio que en 2 años puedes obtener el cinturón negro cuando en el resto de Japón y el mundo tardas 6 años si te dedicas. Ese atajo para la cinta negra viene con un costo, entrenamientos extenuantes, dolor y una alta inversión en tiempo en las actividades de tipo social del club tales como salir a cenar luego de las prácticas.

Al meterme en el club de Aikido me estaba metiendo sin saberlo en una ecología totalmente nueva para mi, los grupos en la sociedad japonesa. En este semestre en el club de Aikido aprendí más de cultura japonesa que del arte marcial como tal, pero eso fue un efecto secundario.

En primer lugar, hay una jerarquía donde se distingue a superiores, inferiores y pares. Quién es superior a quién viene dado por la experiencia. A los superiores siempre se les habla con conjugaciones formales. A los inferiores les hablas como quieras.

Algunas formas de buena eduación que aprendí de uso en la vida cotidiana: al final de una actividad en conjunto los superiores le dicen a los inferiores o-tsukare-sama, es decir, "buen trabajo", o "hiciste un buen esfuerzo" (lit. y a mi entender: "honorable señor cansado" … ), pero uno no debe responder igual, sería una insolencia, uno debe dar las gracias; al salir de una habitación se pide permiso con "shitsurei shimasu" (lit. "hago una descortesía"); al comer en una mesa baja, siempre se empieza sentado en seiza, manera de sentarse sobre sus propias piernas, y luego de empezar a comer uno puede cruzar las piernas; en la mesa uno no se sirve su propia bebida alcohólica, te la sirve alguien más; cuando queda poco en el vaso de un superior le ofreces servirle, si acepta le sirves con la etiqueta de la botella mirando al techo; si un superior te dice que bebas, bebes; etc.

Seiza:



Pero aprendí más sobre la sociedad japonesa. Una vez que te unes a un grupo nunca más te sales, o eso dicta el ideal japonés. Esto se extiende a la vida profesional. Lo que se espera es que te jubiles en la primera compañía donde trabajes, que nunca que te cambies a otra empresa. Esto tiene entretejido cierto ideal de lealtad. Pero Japón no escapa a la globalización, en los últimos años ha ido en incremento una tendencia a la movilidad laboral.

Con los clubes es igual. No te cambias ni renuncias. Un amigo de la residencia fue a ver un campeonato regional de kendo. Los 3 primeros lugares se los llevaron 3 muchachas pertenecientes al mismo club. Él se acercó a ellas y les hizo el siguiente comentario: "wow! ustedes son muy buenas, seguro practican mucho, les debe encantar el kendo", a lo que una de ellas respondió "no, lo odiamos, pero ya estamos adentro, así que…". Así de serio es lo de no salirse.

El comportamiento de no salirse es reforzado por una fuerte presión social. Para los japoneses es de gran importancia la opinión que tengan los demás de ellos. Decepcionar a alguien es simplemente terrible, es de por si un castigo. Si te sales del club estás decepcionando a todos los demás. Sería insoportable.

Aprendí también una palabra que es la cara de toda una filosofía: gaman. El diccionario de Jim Breen la traduce como: paciencia; constancia; perseverancia; tolerancia; auto-control; negación de uno mismo.

No tengo claro a que extensión se aplique el "gaman" en la sociedad japonesa, pero en el club era admirable. ¿Realizando una técnica te diste un golpe? gaman, y continúas. ¿No te puedes levantar del cansancio? gaman. ¿Te duele las piernas del seiza? gaman. ¿Tus rodillas sangran de tanto roce con el suelo? gaman, y sigues…

Sin exagerar. Esta semana fue la semana de entrenamiento para el examen de avanzar de cinturón la semana que viene. Hay muchas técnicas de aikido que se realizan desde una posición sentado en seiza. Si empiezas en seiza y tienes que desplazarte no te paras para caminar, haces shikko:



Luego de entrenar alrededor de un año las rodillas desarrollan una piel gruesa, y el shikko no es incómodo, pero al principio no es así, y aunque usas kimono y el suelo es tatami (es un poco acolchonado) la fricción aun te daña la piel. Si repites la técnica que va para el examen las incontables veces que la tienes que practicar, ocasionalmente se te rompen las rodillas y sangras. En esta semana había gente que sangraba mucho. Tenían unas manchas rojas en el kimono a la altura de las rodillas, y las manchas eran grandes. Había 3 aprendices que sangraban mucho, luego de practicar las técnicas iban por un pañito para limpiar su sangre del tatami, no queremos que nadie se vaya a resbalar.

Muchos tenían también zonas de piel viva en la parte superior de los pies, por la misma razón. Antes de cada entrenamiento se esterilizaban sus heridas y las cubrían con vendas o curitas.

El lunes, primer entrenamiento para el examen, mis rodillas parecían quemadas, pero estaba bien. El martes, ya se me habían pelado y hacer shikko era incómodo. El miércoles no toleraba el dolor del shikko, a propósito no lo realizaba bien para evitar aun un mayor dolor. Si no haces el shikko bien, la técnica no sale. Lo que no entendía es cómo los que más sangraban hacían la técnica bien. En uno de los recesos me acerqué a uno de los que peor estaba justo cuando se curaba sus rodillas. Al verlas en tan mal estado le pregunté:

  yo: itakunai?
  ¿no te duele?

  Yamaguchi: itai yo
  Claro que duele

  yo: eh? dou suru no?
  ¿Qué, y cómo haces? (para seguir con las técnica, por el contexto)

  Yamaguchi: gaman
  

En ese momento gaman obtuvo un significado totalmente diferente al inocuo "tener paciencia". Era ese "negarse a uno mismo", negar su dolor, negar el impulso de detenerse, hacerlo bien.

Durante el semestre me dejó de gustar participar de este club. Las prácticas dejaron de ser divertidas a los dos meses. El grupo como tal no era de mi agrado. Procuraba escaparme de las actividades sociales porque no me divertía con ellos y necesitaba ese tiempo para el intensivo de japonés. Seguía porque el costo en gaman era tolerable y porque temía la reacción del grupo si renunciaba. Sin querer me había metido en esa trama social estilo japonesa. En verdad sentía esa presión social.

Sin embargo, esta semana fue la gota que derramó el vaso. Si no la estoy pasando bien, si para mi ya no es importante la cinta negra, ¿por qué seguir?

Con la ayuda de alguien que tiene más japonés que yo redacté un email con todas las formas de cortesía y humildad posibles. Empezando con agradecimientos por haber cuidado de mi durante todo el semestre, pasando por la razón esperada de "mi cuerpo está en un muy mal estado" llegué al "humildemente desearía recibir que me hicieran renunciar al club". Y no me presenté a la siguiente práctica matutina de las 7:30am en medio de las vacaciones de verano. La tarde de ese día recibí un email desde lo más alto de la jerarquía del club donde se me indicaba que "a pesar de haber renunciado, por los momentos, al club debe presentarse a las 8:30am del día siguiente para exponer sus razones ante el capitán del equipo". Mi sentencia. Ante mis ojos pasó todo. Me imaginé que al estar atrapado en esa red social, renunciar a una semana del campamento de entrenamiento en otro estado, a una semana del examen, y luego de haber pasado tanto tiempo con el club, era algo inimagiable y deshonroso para ellos. Esperaba un escarnio público, o que me dijeran que no se renuncia y que me trague mi voluntad, esperaba miras de ira/decepción. El día anterior a mi juicio no lo pasé muy bien. Angustia++.

Contra toda expectativa la recepción al día siguiente fue muy amable. Me abordaron con tristeza. No intentaron convencerme que continuara, mas me dijeron que era una gran lástima que renunciara, que yo había mejorado un montón, mi condición física y músculos eran los mejores de mi generación (fácil cuando todos son flaquitos…), que de haberme esforzado hubiera alcanzado la cinta negra, etc. Y cerraron con un o-tsukare. Mi comparecimiento ante el capitán del equipo fue fácil. Le expliqué que el aikido no era lo que esperaba, me imaginé que era algo más deportivo y menos marcial. Sencillamente me preguntó si no creía que podía continuar y le respondí que no. Me dijo que estaba bien y se fue. La despedida por parte de los superiores fue más cálida, tanta tristeza me hizo sentirme mal por ellos, tal vez sí habían albergado expectativas de mi.

Con una última reverencia antes de salir entré en mi fase de "recupera tus rodillas y movilidad". El mismo miércoles en que renuncié abusé de la amabilidad de un conviviente doctor y le pedí que me revisara. Lo primero que me dijo fue deja de hacer lo que sea que estés haciendo, y con suerte en una semana estaras bien. Es decir, los aprendices que están sangrando presentaran el examen sangrando, gamaneando y pasaran toda la semana de entrenamiento con ese terrible dolor. Los compadezco.

Pero, ¿por qué no me abordaron negativamente al renunciar? La sociedad japonesa está llena de cajitas y relaciones entre las cajitas. Cada persona pertenece a alguna de esas cajitas, y lo que puede o no hacer depende de en cual esté. Yo me hacía en la cajita de "inferior", pero descubrí que yo estoy en una cajita V.I.P. Tal vez la renuncia de otra persona hubiera sido diferente.

Mi cajita VIP se llama "gaijin" y significa "extranjero". Es una cajita a parte de todas las demás, con muchas menos restricciones y presiones. Todos los japoneses tienen un switch especial que se pasa en las relaciones con los extranjeros. No esperan que entienda su cultura, ni su idioma, ni que me comporte como ellos, me tratan muy amablemente, siempre como un invitado. So far, so good. Sin embargo, vislumbro problemas para integrarme a esta sociedad desde mi cajita VIP.

lunes, julio 30, 2007

Fui al Kongô en Tanabata

El día 7 del mes 7 se celebra en Japón el festival de Tanabata. En algunas traducciones que se podía ver en al universidad en inglés lo llaman "Star Festival".

En el cielo de la noche, una vez al año, hay dos estrellas que se encuentran ese día (Vega y Altair). La leyenda cuenta, o al menos como me la contaron a mi, que la princesa Orihime se dedicaba todos los días a tejer ropa para su padre. Ella estaba muy triste porque no tenía tiempo para encontrar el amor, pues todo lo que hacía era tejer. Sin embargo un día vió que del otro lado del río vivía un pastor, él se llamaba Hikoboshi. Una vez que se reunieron fue amor a primera vista y se casaron. Debido a la vida conyugal Orihime no tejía más para su padre y Hikoboshi había descuidado su rebaño. Molesto porque su hija no le tejía más ropa el padre de Orihime la separo de Hikoboshi y se la trajo de nuevo a su lado del río. Ahora Orihime teje todos los días para su padre, pero una vez al año su padre le permite reunirse con su amado cruzando el río que los separa, es decir, la Vía Láctea. Tanabata surge como celebración por la unión de estas dos estrellas.

Contrario a lo que nos hacen pensar ciertos anime (e.g. Rurouni Kenshin) Tanabata no es el día más romántico del año. Tal vez lo fue en el shogunato de los Tokugawa, pero al menos en la modernidad el título del día para los enamorados se lo lleva el 14 de febrero con el importado día de San Valentín.

El 7 de julio se llevan a cabo actividades muy particulares. En primer lugar, desde días antes de Tanabata, adornan bambúes con papeles donde hay escritos deseos. Simplemente los atan a alguna ramita del bambú. En ciertos lugares, como aquí en Ôsaka, agregan más decoraciones, origami de animalitos y cosas por el estilo. La idea que
me vino a la mente al ver el bambú adornado era de un árbol navideño chino…

En la celebración que tuvimos en el IRIS ("Information Room for International Students", sitio donde pasamos nuetros recesos aquellos que estamos en el curso intensivo de japonés) sirvieron de plato principale "Floating somen", comida que se sirve sólo en Tanabata. Floating = flotante (!), somen = tipo de tallarín japonés a base de trigo que se sirve frío en vernano porque así es más refrescante. Construyeron un parapeto con cortes de bambú, en un extremo ataron una manguera y al final del otro colocaron un perol.




Así se sirve el Floating Somen: abres el grifo de la manguera, eso crea una especie de cascada artificial que corre por los segmentos de bambú; cascada arriba tienes unas amables colaboradoras del IRIS tomando con palitos chinos el somen frío y colocándolo en la corriente; a ambos lados de la corriente colocas muchas gente con
hambre y palitos chinos; a cada comensal le das un vaso con salsa de soya, ajonjolí y cebolla china picada; como puedan los comensales deben rescatar el somen que pasa volando por la cascada, mojarlo en la soya y comerlo ;-)





Aprendí que río abajo es una mala posición, llega escaso somen. A veces llegan unas pobres tiritas.

Había otro plato que se llama sushi, pero no es el sushi que todos comen en occidente. Para mi fue una versión no-roll, no-nigiri del sushi. En una gran perola se sirve arroz con vinagre al que se le agrega huevo, tiras de alga seca y no me acuerdo que vegetal o
pescado. Era como comer un sushi normal sólo que desarmado.



De postre hay patilla. Pero como cortar la patilla es algo muy aburrido jugamos piñata con la misma. Es una tradición. El sistema es igual al de la piñata, le vedan los ojos alguien, le dan vueltas, lo armas con un palo, esa persona debe darle un golpe con el palo a la patilla, una vez partida se corta en pequeños pedazos y se sirve.



¡Ja! Siempre dicen que jugar con la comida es mala educación pero aquí es toda una cultura. Muy divertido.

Todo esto aconteció el viernes 6 de julio, nadie iba a subir el verdadero día de Tanabata a la universidad. Pero mi familia anfitriona tenía planes para mi, subir el Kongô. Lo de la familia anfitriona es un programa que existe al menos en Handai donde a cada becario se le asigna una familia voluntaria japonesa para que compartan algunas salidas y así el estudiante se integré y conozca más de la cultura de aquí. Fui al Kongô con el padre de mi familia anfitriona, Mazda-san (Matsuda), mismo apellido que el fundador de la compañía de automóviles, pero sin parentesco.

Empecé mi viaje a las 7:00 tomando un monoriel hasta Senri-chûô ("el mero centro" de Senri), tomar el tren hasta Namba, cambiarme a la línea Nan-kai ("Mar del Sur" leen los kanji que componen el nombre, pero en un principio pensé que significaba "Muchas veces" pues la pronunciación es igual). Ahí tuve tiempo para una foto de la estación mientras llegaba el expreso que tenía que tomar, para llegar a no-me-acuerdo donde tomaría el autobus con Mazda-san hasta
el Kongô…



Luego del viajecito ya estaba cansado y no había empezado a escalar.

El monte Kongô tiene una altura de 1.125 mts. sobre el nivel del mar. Queda hacia el sureste de la prefectura de Ôsaka y parte de sus cimas forman la división con la prefectura de Nara. Además de Mazda-san vinieron compañeros retirados de la misma compañía donde él trabajó.

Empezamos a una altura de alrededor de 500 mts. sobre el nivel del mar. Al principio estaba lloviznando, así que no hay fotos. El principio tenía un paisaje muy relajante, un par de arroyos convergían cerca del punto de partida, no había carros ni ruído, a nuestro lado se levantaban altos árboles Sugi y todo estaba rodeado por una profunda neblina. Era el paraje perfecto para que en la antigüedad hubieran ninjas.

La mayor parte del camino era muy similar, árboles. A veces había sitios donde en lugar de tierra había barro gracias a la lluvia. Uno de los sitios más interesantes era la sierra que dividía Ôsaka de Nara. El bosque de Sugi se detenía justo antes de la frontera, formando una lína perfecta, como si no quiesieran llegar a Nara. Del lado de Nara solamente había paja.

A lo largo del camino había pequeños altares a personas que se consideran santos versión shintoísta o budista.



Sin embargo, y nadie me supo explicar porqué, había un altar a Kamen Rider (Masked Rider en occidente).



Más arriba llegamos al templo y cementerio de lo que alguna vez fue de la familia samurai Katsuragi. Por ser Tanabata en el templo se celebraba una quema de ramas a la par de cantos shintoístas. Realmente que los cantos son lo más interesante. Es más, si es posible, no vean el video, sólo escúchenlo, porque en verdad que es uno de los primero videos que tomo y quedó terrible.





No mucho después del templo estaba la tan anhelada cima, anhelada desde las 9:30. El señor que sostiena la gorra anaranjada en su mano es Mazda-san.



En días con buen tiempo se puede ver Ôsaka, pero ese día, como dije antes, estaba todo muy neblinoso y nublado. Justo detrás de esa montaña se debería ver la ciudad.



La bajada fue mucho peor que la subida. Deben haber sido como 10.000 escalones, o eso parecía, bajamos durante casi una hora. Estuvo igual de neblinoso que la subida, pero sin lluvia.





Y para cerrar con broche de oro la escalada al Kongô en Tanabata Mazda-san me invitõ a comer con sus amigos en una taberna local. Tiritas fritas de pescado, cochino en cortes cuadrados, calamar frito, y otras delicias originales de la zona.

(notas: las fotos del somen las tomé con el celular, pero estaba seteado en tamaño pequeño…)